Cuento: “El árbol de los problemas”

Cuento: “El árbol de las preocupaciones”

Hoy me gustaría compartir un cuento para reflexionar, para darse cuenta de algo, para que en la mente haya un cambio de chip:

 

“Un rico comerciante contrató a un carpintero para restaurar una antigua casa colonial. Como el comerciante era de esas personas a las que les gusta tener todo bajo control y le preocupaba que el trabajo no quedase bien, decidió pasar un día en la casa, para ver cómo iban las obras.

Al final de la jornada, se dio cuenta de que el carpintero había trabajado mucho, a pesar de que había sufrido varios contratiempos. Para completar el día de mala suerte, el coche también se negó a funcionar así que el empresario se ofreció para llevarle a casa.

El carpintero no habló durante todo el trayecto, visiblemente enojado y preocupado por todos los contratiempos que había tenido a lo largo del día. Sin embargo, al llegar invitó al comerciante a conocer a su familia y a cenar, pero antes de abrir la puerta, se detuvo delante de un pequeño árbol y acarició sus ramas durante pocos minutos.

Cuando abrió la puerta y entró en la casa, la transformación era radical: parecía un hombre feliz. La cena transcurrió entre risas y animada conversación. Al terminar la velada, el carpintero acompañó al comerciante al coche. Cuando pasaron por delante del árbol, este le preguntó:

– ¿Qué tiene de especial ese árbol? Antes de entrar estabas enojado y preocupado y después de tocarlo eras otro hombre.

– Ese es el árbol de los problemas – le respondió el carpintero. – Soy consciente de que no puedo evitar los contratiempos en el trabajo pero no tengo por qué llevarme las preocupaciones a casa. Cuando toco sus ramas, dejo ahí las preocupaciones y las recojo a la mañana siguiente, cuando regreso al trabajo. Lo interesante es que cada mañana encuentro menos motivos para preocuparme que los que dejé el día antes. 

Las preocupaciones en muchas ocasiones observadas con el tiempo pierden poder, se ven desde la distancia y no se sienten con la misma intensidad. Por otro lado el sacar las preocupaciones fuera de uno mismo favorece que estas no torturen tu mente y sea más sencillo buscar la salida de las mismas.

Belén Pozo

Psicóloga

 

No consigo controlarlo

No consigo controlarlo

No consigo controlarlo, es la frase más repetida en las sesiones, todos pretendemos controlar nuestras emociones, sentimientos o incluso a las personas de nuestro entorno. Pretendemos controlar nuestro miedo, nuestra tristeza, nuestra desilusión, a nuestros hijos o a nuestra pareja. No queremos estar tristes, estresados, enfadados o agobiados, buscamos la felicidad a toda costa.

Pero ¿cómo podemos controlarlo?

La única manera de poder controlarlo es aceptándolo, dejándonos sentir, evitando controlarlo o cambiarlo. Al intentar cambiarlo o controlarlo se consigue un proceso contrario a lo que se persigue, el intento de control genera una gran frustración ya que al percibir que no se puede controlar al 100% la emoción o situación que se intentaba controlar o modificar se desborda, por ejemplo si intentamos no estar tristes o no tener miedo haciendo actividades contrarias o intentando no pensar, de manera automática estaremos más tristes o nos daremos cuenta de que no podemos controlarlo. Lo que se debe de hacer es dejarse sentir aceptar la emoción o situación en la que nos encontramos y analizar el por qué de la misma. De este modo se hace consciente la emoción y esta no es negada por lo que se procesa a nivel cerebral y favorece la aceptación y procesamiento de la misma lo cual genera una situación de control y manejo de la misma.

Belen Pozo

Psicóloga

 

El pasado no se repite

El pasado no se repite

En el mundo de la psicología uno de los grandes miedos que presentan las personas es que el pasado se vuelva a repetir, que se vuelva a sufrir del mismo modo, que se vuelva a tener el mismo ataque de ansiedad, que se vuelva a sentir la misma tristeza,… pero esto no ocurre.

¿Por qué?

Somos animales racionales, los cuales estamos preparados para el aprendizaje, pero no sólo de aspectos racionales sino también emocionales. Dentro del cerebro humano hay un área dedicada a la memoria emocional en la cual se almacenan dichos recuerdos, que a parte de que casualmente hagan que vuelvan a la mente del sujeto, sirve para que este aprenda de los mismos. Unos de los miedos más grandes es volver a pasar por el mismo ataque de ansiedad que la primera vez, el cerebro aprende a que después de este no hubo un final negativo sino una situación desagradable que poco a poco desapareció. El miedo paraliza y si está presente en el sujeto de que vuelva a pasar lo cierto es que la situación empeorará porque se dará un bloqueo. La única manera de vencer al miedo es enfrentarse a él, por lo que no va a desaparecer la ansiedad ni la tristeza, porque gracias a ella podemos evitar peligros y expresar nuestro malestar, pero se puede aprender de la reacción y su funcionalidad.

No te dejes vencer por el miedo, únete a él.

Belén Pozo

Psicóloga

Déjate disfrutar para conseguirlo

aqui-y-ahoraDéjate disfrutar para conseguirlo

En la actualidad se vive sin tiempo, sin espacio ni momentos para disfrutar lo conseguido. La mayor parte de los adultos están inmersos en los deberías y en los objetivos a conseguir. Pero cuando esto es conseguido ¿qué ocurre? ¿qué pasa? ¿qué se hace? se busca un nuevo objetivo para lograr, pero ¿se disfruta del logro? ¿se vive esa satisfacción?

Por lo general el mayor error y dificultad actual es la incapacidad para disfrutar. El no saber vivir el momento, exprimir cada segundo y disfrutar de cada paso hacia el logro. Es más importante disfrutar de los pasos hacia la meta que la meta propiamente dicha, ya que esta es efímera.

¿Cómo podemos aprender a disfrutar?

Para aprender a disfrutar hay que hacerlo día a día, vivir y exprimir cada momento, cada milisegundo, y no pensar en el mañana, ya que este siempre vendrá, las nubes siempre aparecerán pero no sabemos cuánto va a durar el sol, tenemos que mirar los rayos, la luz que nos aporta y sentir el calor en nuestro cuerpo y el bienestar del que nos inunda.

Te proponemos que hoy cuando vayas por la calle observes qué pasa a tu alrededor, cuántos árboles hay, de qué color son sus hojas, cómo suena al pisar las hojas, qué sientes al recibir el aire en la cara…

Belén Pozo

Psicóloga

Modificar nuestros hábitos

Modificar nuestros hábitos

¿Hay algún hábito que te gustaría poder incorporar en tu vida? ¿Te gustaría poder practicar algo de ejercicio de manera regular, iniciarte en la lectura, aprender a patinar?

¿Tienes algún hábito que por el contrario, te gustaría prescindir de él? ¿Estás dispuesto a renunciar al tabaco, estás dispuesto a renunciar a la comida poco saludable?

Los seres humanos, requerimos de un tiempo para cambiar hábitos. William James, uno de los padres de la Psicología Moderna, comentó a principios del siglo XX, que el tiempo que se precisa para ello, es de 21 días.

Según él, los hábitos posibilitan y favorecen los pasos que son necesarios para obtener un resultado, para conseguir un objetivo que nos hemos establecido, de tal manera que esos pasos resultan ser más precisos y más adecuados. Con ello, se atenúa nuestro cansancio, la atención que dedicamos de manera consciente a la realización de estas acciones es menor y se promueve una automatización de la conducta haciendo que esta se desarrolle de manera más sencilla.

James indica que para poder cambiar un hábito, se precisa de:

–    Determinación. La idea es poder organizar nuestra vida en función del hábito que se quiere adquirir. William James decía que había que favorecer un entorno que impulsara nuestro nuevo camino, nuestra nueva meta.
–    Disciplina. Según James, a lo largo de estos días, muy posiblemente esté presente las ganas de volver a ese viejo hábito. Él propone seguir adelante en el intento y no caer en la tentación de volver atrás. Es importante que haya una continuidad. Hay que ser disciplinado y dedicarle tiempo.
–    Iniciativa. Hay que tener iniciativa, no hay que dejarse llevar por las circunstancias que puedan rodearnos. Determinadas circunstancias y las personas que nos rodean influyen mucho en la adquisición de un hábito adecuado y en el hecho de romper con el antiguo.

Es importante conocer los motivos para ese cambio. Hay que pensar en qué es lo que queremos, para qué vamos a hacerlo, por qué queremos hacerlo, cómo vamos a conseguirlo. Hay que buscar algo que realmente nos atraiga, nos motive y que sea coherente con nosotros mismos, con nuestros intereses y valores. Por eso hay que buscar aquello que consideremos que es importante para nosotros y poder permitirnos salir de nuestra zona de confort.

Es aconsejable que vayamos poco a poco, de manera que estos hábitos puedan ir cambiando de forma gradual. Una manera de poder instaurar un hábito saludable y remplazar uno inadecuado, sería cambiar el mal hábito, por el bueno.

Sería interesante poder hacer una lista donde reflejar ambos tipos de hábitos teniendo en cuenta el grado de importancia que demos a cada uno de ellos; por un lado los que nos gustaría adquirir, y por otro lado, los que se desearían dejar atrás. De todos los posibles hábitos de ambas listas, es aconsejable elegir uno o dos para empezar a adquirirlos, no más. Es importante ser realista y no querer abarcar todos los cambios a la vez.

Una manera de facilitar la adquisición o eliminación de los hábitos, es hacer más o menos fácil el tener un adecuado o inadecuado hábito. Por ejemplo, si quieres dejar de comer dulce después de la comida o de la cena, haz por eliminar de la lista de la compra este producto que tanto te gusta. El hecho de no tenerlo en casa, te va a facilitar el no caer en el deseo de comerlo. Si quieres empezar a ir al gimnasio después de salir de trabajar, busca un centro que esté cerca de tu lugar de trabajo y déjate preparado la noche de antes la bolsa de deporte con todo lo que vas a requerir para tu tarde de gym.

No desistas, sigue intentándolo, porque aunque los viejos hábitos no nos lo van a poner fácil, puesto que durante mucho tiempo han formado parte de nuestro día a día, haciendo difícil su instauración, una vez logrado nuestro objetivo, la sensación de bienestar y satisfacción nos va a invadir. Somos capaces de abandonar o modificar hábitos que llevan un tiempo establecidos y adquirir alguno nuevo por propia voluntad. No los posterguemos, no esperemos al mes que viene, ni tampoco al año que está por entrar. Podemos empezar hoy mismo.

http://www.samastah.com/21-dias-para-cambiar-un-habito-la-gran-idea-de-williams-james/
Miriam Benavides

Psicóloga

Caracteríticas y beneficios de la actitud optimista

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El Diccionario de la Real Academia Española reconoce el optimismo como  “la predisposición a entender y a analizar la realidad desde su aspecto más positivo”.

 

 

 

Esta actitud y modo de pensar ha conducido a la realización de numerosos estudios e investigaciones, llegando incluso a constituirse por su interés como una rama propia de la psicología denominada Psicología Positiva. Entre los autores que más se han interesado por este fenómeno, sus características y beneficios, se encuentran entre otros Martin Seligman y Daniel Goleman, los cuales a lo largo de su trayectoria y experiencia han ido describiendo diferentes características y beneficios del mismo.

Entre dichas características se pueden citar algunas de ellas como son:

  • Persistencia hacia la consecución de un objetivo a pesar de los posibles obstáculos, esto es, no muestran lo que Goleman denomina “impotencia aprendida”, es decir, darse por vencido antes de llevar a cabo cualquier actuación por el pensamiento de que cualquiera de esas actuaciones no servirán para nada.
  • Consideración de que dichos obstáculos son manejables y superables, y no tanto debidos a cuestiones personales, esto es, poseen lo que Goleman llama “pautas explicativas” referidas a lo circunstancial y acaecido en ese momento no siempre a características definitorias de uno mismo.
  • Actuación guiada por la probabilidad de éxito, más que por el miedo al fracaso.
  • Ante un posible error, presentan una tendencia a pensar que se trata de un contratiempo pasajero, no algo permanente y/o duradero de forma interminable en el tiempo.
  • Percepción de los posibles problemas como retos superables.

Entre los beneficios, los más destacados que se han podido constatar son, entre otros:

  • Personas con actitud optimista se ha comprobado que muestran mejores resultados en los estudios, en el trabajo o en el deporte por ejemplo.
  • Experimentan una mejor salud, tanto física como mental.
  • Son más felices.
  • Tienen una mejor autoestima.
  • Viven más en el momento presente, sin lamentarse demasiado por lo que ocurrió ni intentando controlar el futuro.

No se trata de no asumir ninguna responsabilidad ni de negar malos momentos o situaciones como pueda parecer (en este sentido Seligman plantea “algunos se han formado una imagen que muestra al optimista como el fastidioso permanente, al que se jacta de todo, exagera sus éxitos y culpa a otros de sus fallos, sin asumir jamás responsabilidad de sus errores”), sino más bien de mantener un equilibrio óptimo y adecuado entre la posible influencia de agentes externos a uno mismo y la valoración de la propia responsabilidad, potenciando los propios recursos para dirigirse hacia la consecución de un posible éxito, sin derrumbarse ante los fracasos, sino aprendiendo de ellos y extrayendo aspectos positivos que puedan ayudar en situaciones futuras similares.

Aida Mañero Ocarranza

Psicóloga

Diferentes formas de poder relajarse

Imagen 008Desde este blog, os vamos a facilitar una serie de recomendaciones para que os podáis relajar en vuestro día a día y podáis escapar de la rutina. Si lográis relajaros, seréis capaces de tomaros las cosas de forma diferente, puesto que la relajación contribuye a pensar con mayor claridad.

¿Cuáles son vuestras aficiones? Si disfrutáis de ellas en vuestro tiempo libre, podréis comprobar los efectos beneficiosos que estas tienen sobre vuestra salud física y mental.

  • Disfrutar de la naturaleza y de la montaña
  • Practicar algún tipo de deporte: natación, caminar, esquiar, mountain bike, bucear,… Disfrutad mientras os mantenéis en forma
  • Bailar, cantar o escuchar música
  • Dibujar o pintar. El trabajo hecho a mano favorece la relajación
  • Aprender a hacer ganchillo, patchwork, punto o macramé
  • Tocar un instrumento musical
  • Disfrutar de los amigos, de las amigas y de la familia
  • Jugar a juegos de mesa: puzles, ajedrez, parchís, las cartas,…
  • Ir a la bolera
  • Practicar meditación o yoga
  • Tomar un baño o una ducha
  • Sentaos en ese sillón tan cómodo que tenéis en casa, y disfrutad de una buena novela, un cómic, revistas de moda, de viajes o artículos de divulgación
  • Viajar
  • La fotografía
  • Los artículos de colección
  • Ir al cine o ver una película o una serie favorita en casa
  • Aficionarse a la jardinería, a las plantas, a los Bonsái
  • Haced uso del humor: reír y sonreír mucho
  • El trabajo voluntario. Dedicar tiempo libre a contribuir y apoyar las buenas causas
  • Disfrutar con vuestra mascota
  • Hacer actividades de pasatiempos como, sopas de letras, crucigramas, sudokus, autodefinidos, pasatiempos matemáticos,…
  • A algunas personas, cocinar, también contribuye a relajarles y a desconectar
  • Acudir a exposiciones,…

Hay muchas actividades que poder hacer y poder descubrir. Desde reformar un viejo mueble, tocar la guitarra, o ver una película en el sofá de casa. Recordad respetar esos ratos de ocio. Sacad tiempo para hacer aquellas cosas que os agradan y deleitaros con ellas.

Miriam Benavides

Psicóloga

 

 

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Qué te hace feliz

CIMG2329Parece, según muestran diversas investigaciones, que existen numerosos aspectos que han venido siendo estudiados para poder evidenciar de modo fiable qué es lo que hace que las personas sean felices y disfruten de una vida plena.

En este sentido, han sido diversos los autores que han profundizado en el concepto de bienestar, los cuales a su vez han propuesto diferentes modelos que detallan aquellas dimensiones relacionadas con dicha situación o estado.

Entre otros, cabe destacar el modelo propuesto por Carol Ryff (1989) el cual incluye seis dimensiones básicas que delimitarían el bienestar en su polo óptimo y/o deficitario:

  • autoaceptación,
  • relaciones positivas,
  • autonomía,
  • dominio del entorno,
  • propósito en la vida y
  • crecimiento personal.

Por su parte, Corey Keyes igualmente propuso otro modelo de dimensiones del bienestar (2002), cuya principal diferencia con el anterior es la inclusión de lo que denomina “bienestar social”. Se aprecian aquí tres áreas:

  • bienestar subjetivo (alto afecto positivo y bajo afecto negativo, así como una elevada satisfacción vital),
  • bienestar psicológico (que incorpora las seis dimensiones propuestas en el modelo de Carol Ryff)
  • bienestar social

Además de la información arrojada por estos modelos acerca del concepto de bienestar y de los ámbitos relacionados con el mismo, se han descrito otros muchos elementos asociados que pueden ofrecer datos sobre qué condiciones, actitudes y/o rasgos favorecen y ayudan a la aparición de bienestar duradero, a saber:

  • edad y sexo: los estudios realizados parecen indicar que estos factores apenas tienen influencia.
  • nivel económico: se aprecia una influencia muy baja, a excepción de aquellos casos en los que las necesidades básicas no se encuentren cubiertas, caso en el cual la correlación sería negativa.
  • estado civil: según las investigaciones realizadas, es posible observar que las personas casadas o con pareja son más felices que aquellas que están solteras, separadas o viudas.
  • factores de personalidad: entre aquellos factores que han sido estudiados se encuentra la extraversión y, en este sentido, se ha encontrado que personas con este tipo de rasgo están más cerca del bienestar, seguramente, y según se ha visto, por su capacidad para disfrutar de pequeñas experiencias diarias. Igualmente, se ha observado que la estabilidad emocional correlaciona positivamente con este concepto, del mismo modo que lo hacen la capacidad para afrontar las dificultades, el optimismo o la capacidad de agradecimiento, entre otros.

Aida Mañero Ocarranza

Psicóloga

Ocuparse de uno mismo vs. egoismo

CIMG1445¿Es malo ocuparse de uno mismo?

 ¿Se cae en el egoísmo si uno se ocupa y está pendiente de si mismo?

 Una de las normas éticas y morales que la sociedad de hoy en día establece es la de la ayuda al prójimo, la asistencia a aquella gente que lo pueda necesitar. Dada la relevancia y la importancia que ostenta esta premisa dentro de la propia sociedad, esto es algo que se empieza a inculcar a los niños en el seno familiar desde que son bien pequeños, y posteriormente se va extendiendo esta idea al contexto social. De este modo, al tratarse de una norma que se introduce desde edades bien tempranas, ésta se suele presentar de un modo muy arraigado y consolidado dentro de los pensamientos y valores adultos.

 Tanto es así, que en numerosas ocasiones se observa que esta idea parece ser incompatible con la del propio auto-cuidado y con el ocuparse de uno mismo, ya que, siguiendo el principio de generosidad que parece que opera en la sociedad, “si me ocupo de mi mismo no lo puedo hacer del resto y entonces puedo ser egoísta”. Con esto, ante la posibilidad de poder caer en el egoísmo, aspecto que la sociedad rechaza y por extensión es posible quedar excluido, “prefiero no ocuparme de mí mismo y hacerlo siempre del resto, ya que lo importante y lo primero deben de ser los demás”.

 No obstante, es posible observar que en sujetos que llegan a pensar de este modo tan rígido y poco flexible, se comience a experimentar un determinado malestar en algún punto de su trayectoria vital por algunos motivos como los que se enumeran a continuación:

  • El situar al resto siempre por delante de uno mismo hace que la persona se vea como merecedora de menos importancia, como intérprete de un papel secundario, con lo que su propio autoconcepto es posible que quede resentido.
  • Dado que la misión de estas personas es la de ayudar y estar pendientes del resto, dentro de la relación interpersonal adoptan esta función olvidándose de sí mismos y haciendo ver que parecen no necesitar nada, por lo que los demás aprenden a no dárselo, con lo que las relaciones se convierten en algo de una sola dirección y no recíprocas.
  • Al no estar acostumbrado a cuidarse y “escucharse”, pueden aparecer sentimientos de frustración al no saber uno mismo lo que se quiere o desea.

De este modo, las personas con esta idea tan carente de flexibilidad, a menudo parecen quedar atrapadas en una situación en la que parece que hagan lo que hagan están destinadas a sentirse mal ya que “si me ocupo solo del resto y no lo hago de mi mismo me siento mal, y si me ocupo únicamente de mi, no lo hago del resto y soy egoísta con lo que igualmente sufro”.

Dado este aparente callejón sin salida, en estos casos resulta imprescindible que estas personas logren conseguir entender que fruto de la rigidez de su idea se ha caído en un funcionamiento igualmente rígido y viceversa. Así, el trabajo se centra en la posibilidad de darse cuenta de que ambas opciones son posibles y sobretodo válidas, es decir, es factible una flexibilidad cognitiva que permita a uno mismo tenerse en cuenta y escuchar las propias necesidades y deseos sin caer en el egoísmo, al tiempo que se puede tener en cuenta al de al lado y ayudarle.