Pensar es tu mayor enemigo

DSC00217Según se van cumpliendo años se van pensando más en los pros y contras de la vida, en qué hacer para arreglar determinado problema, en cómo prevenir  determinada situación. Se pasan las horas pensando en cómo solucionar la vida y sin querer la vida pasa rápido. No sabemos cómo olía al salir de casa antes de ir a trabajar o de qué color era el cielo al volver.

Los seres humanos somos seres racionales pero la razón nos está invadiendo, nos está conquistando perdiendo la partida la emoción. La razón intenta solucionar aspectos que aún no han ocurrido para evitar sentir determinada emoción, pero ¿se siente alguna emoción? ¿da tiempo a sentirla?

Las emociones son las que nos conectan con el aqui y ahora, las que te hacen sentir y vivir, si la razón domina tu vida, sobrevives y la vida se escapa.

Por todo ello es importante:

  • Cada mañana que te levantes al desayunar, siéntate y huele el café, siente si está caliente, frío o dulce
  • Al salir de casa mira al cielo, de qué color es, cómo te hace sentir
  • Cuando pases al lado de un escaparate miraté y sonrrie, siente la felicidad por sentir
  • Al llegar al trabajo cierra un minuto los ojos y siente tu emoción del día, te hará vivir

No permitas que tu mente ocupe todo tu día, tu corazón quiere sentir y hacerse notar y es él el que te da la felicidad.

Belen Pozo

Psicóloga

Cómo manejar la culpa

4 años juntos 052La culpa es una emoción incluida dentro de las denominadas emociones secundarias  cuyo origen se puede situar ya en la infancia de los sujetos, la cual es aprendida principalmente en el seno familiar.

Dicha emoción está íntimamente ligada al cumplimiento de las normas, de ahí que su funcionalidad sea la de generar un auto-castigo por el incumplimiento de las mismas en un momento dado, con el fin de que la probabilidad de que ese hecho vuelva a suceder disminuya y desaparezca.

El manejo de la culpa generada puede seguir dos direcciones bien diferentes, incluso opuestas a saber:

  • hacia una dirección adaptativa que conduzca hacia la reparación del posible daño producido, junto con una asunción de responsabilidades y una adaptación al contexto social, o bien,
  • hacia una denominada culpa no adaptativa o insana, la cual se caracteriza principalmente por la propia imposición de un castigo muy costoso junto con una alta duración en el tiempo. Este tipo de culpa no adaptativa, debido al malestar que produce, puede incluso llevar a la evitación de determinadas situaciones lo cual es probable que genere sentimientos de incapacidad y de bajo autoconcepto.

Así pues, cuando aparece el sentimiento culpógeno no es adecuado ni adaptativo que éste sea evitado como se tiende a hacer con la mayoría de las emociones denominadas negativas, debido a su utilidad y a su funcionalidad, más bien es necesario su buen manejo. Para ello, algunas cuestiones de relevancia son:

  • Búsqueda de soluciones y alternativas que permitan la realización de conductas y comportamientos compensatorios y reparadores del daño producido hacia el/los otro/s.
  • Aceptación del error y de la equivocación de forma constructiva, de modo que se permita un aprendizaje de cara a situaciones futuras, y no destructiva que bloquee haciendo que uno se ancle en el pasado y en aquello que ocurrió.
  • Aceptación del propio perdón.
  • Distanciamiento de un lenguaje excesivamente castigador para con uno mismo que genere un malestar interno tal que no permita la actuación y favorezca la evitación.

Aida Mañero

Psicóloga

Vacaciones, cómo disfrutarlas plenamente

DIGITAL CAMERALlega el momento del año que quién más quién menos espera, época en la que todos quieren desconectar, disfrutar, descansar… Sin embargo, esto que a priori todo el mundo desea en ocasiones puede no resultar tan fácil. Debido a la rutina del día a día que imponen el trabajo o los horarios entre otros factores, la adaptación al cambio a algo que constituye una situación bastante diferente e incluso contrapuesta puede constituir algo complicado por no saber cómo parar y cambiar de ritmo.

En este sentido, las técnicas del denominado Mindfulness pueden contribuir a lograr un estado que permita disfrutar y vivir el periodo estival y las vacaciones de una forma plena.

Se considera el Mindfulness como un estado de atención o consciencia plena, en el momento presente, a las sensaciones corporales, a las emociones, al ambiente que rodea… que permite un incremento de la propia autoconsciencia y del bienestar general al lograr dejar pensamientos intrusivos o rumiaciones de lado, permitiendo todo esto el vivir el aquí y ahora, no estando pendiente del pasado o el futuro.

Diversos estudios al respecto y una extensa investigación avalan la eficacia de estas técnicas cada vez más presentes en ámbitos psicológicos o médicos, entre otros, para el abordaje de diferentes patologías, favoreciendo a nivel emocional un mayor equilibrio, un incremento de la calma y la serenidad y un estado de ánimo más positivo.

Continuando con el tema que nos ocupa, la aplicación de técnicas y herramientas consideradas de Mindfulness al periodo vacacional para poder disfrutar y aprovechar éste de un modo pleno podrían constituir actividades como las que se citan a continuación:

  • Centrar de forma deliberada la atención en todos y cada uno de los sentidos.
  • Centrarse en la respiración, en cómo entra y sale el aire que se respira, en las sensaciones que se producen cuando esto ocurre…
  • Centrarse en los sonidos que tienen lugar en el ambiente que rodee en ese momento preciso así como en los colores… los olores… las formas… el tacto…
  • Focalizar la atención en las sensaciones corporales producidas cuando se dirige y se centra la mente en todo esto.
  • Dirigir también la atención hacia las emociones que se manifiestan durante estos instantes.
  • Estar presente y dejar pasar cualquier pensamiento que distraiga de este momento presente.

La clave de todas estas técnicas, como se recoge en los diferentes estudios experimentales llevados a cabo hasta le fecha, es la práctica a través de la cual dicho estado se incrementa y es más fácil entrar en él, pudiendo llegar a constituir incluso un modo de vida.

Aida Mañero

Psicóloga

La influencia de lo que pensamos en nuestro estado de ánimo. Aida Mañero Ocarranza

“Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda: ¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mi. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada; algo se habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada una herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como este le amargan a uno la vida. Y luego todavía se imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo. Así nuestro hombre sale precipitadamente a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes de que el vecino tenga tiempo de decir “buenos días”, nuestro hombre le grita furioso: “¡quédese usted con su martillo, so penco!”. (“La historia del martillo”, sacado de “El arte de amargarse la vida”, Paul Watzlawick, Herder (2003).

 Esta pequeña historia puede resultar graciosa e incluso absurda para el lector, sin embargo, es más habitual de lo que en un principio se piensa que se den secuencias de este tipo. Así, es posible comprobar cómo todo aquello que se piensa influye de forma directa en el propio estado de ánimo, provocando que uno mismo se pueda sentir de mejor o peor humor, más o menos triste o alegre.

 En este sentido, autores relevantes demostraron que, no es una situación concreta lo que produce de forma directa una emoción, sino que más bien sería la interpretación que el individuo hace de dicha situación y sus pensamientos lo que generarían un estado emocional concreto. Estos autores lo denominaron modelo A-B-C, donde A es la situación o acontecimiento que ocurre, B son los pensamientos e interpretaciones que genera A en el individuo, y C es el estado emocional resultante.

 Siguiendo este modelo, no me enfada que mi pareja no me haya regalado nada en nuestro aniversario, sino que más bien me produce enojo la interpretación que yo hago de ese hecho y las ideas que me van surgiendo al respecto (“ya no le importo en absoluto”, “se ha olvidado de mi porque ya no le gusto”, “todo lo demás es más importante que yo”).

 Comprendidas estas cuestiones, ¿cómo se hace entonces para no dejarse llevar por las propias interpretaciones constantemente y entristecerse o enojarse, en ocasiones sin sentido? Para poder conseguir esto,

 –        en primer lugar sería necesario poder detectar e identificar esos pensamientos e ideas surgidas, que tienen como consecuencia un estado emocional u otro,

–        en segundo lugar, una vez identificados tales pensamientos, lo adecuado sería someterlos a una “prueba de realidad” para comprobar cuán distorsionados pueden llegar a estar, ya que en la mayoría de las ocasiones dichas ideas no serán del todo reales y racionales sino más bien todo lo contrario. El objetivo entonces es poder acercarse a la realidad todo lo posible. (“¿Realmente es cierto que mi pareja se haya olvidado de mi porque ya no le gusto?”, “¿puede haber alguna otra razón por la que se haya olvidado del aniversario?”).

 Con todo esto, es posible observar cómo de potente es la propia mente y cómo influye en la forma en la que uno mismo se puede encontrar a nivel anímico, por tanto, es necesario estar alerta para no dejarse llevar y correr así el riesgo de ser “engañado” por uno mismo.