Por favor, permíteme estar triste. Elisa Vaca López

¿Qué es la tristeza?

Es una emoción positiva, una emoción que nos permite darnos cuenta de que algo no funciona bien y que debemos hacer algo para cambiar.

Nos permite pasar página, es un aviso, una señal que nos muestra que debemos cambiar algo de nuestra vida, algo que no va como debería. En el caso de una pérdida nos permite aceptar lo que no se puede cambiar y admitirlo para poder seguir adelante.

 Hay personas que evitan esta tristeza, no paran de realizar mil y una actividades a lo largo del día, van de aquí para allá, se apuntan al gimnasio, a clases de pintura, salen los viernes, sábados y domingos, la temen no quieren quedarse a solas con ella, no quieren darse cuenta de que la tienen. Esta negación de la tristeza en ocasiones desemboca en tensiones musculares o estados de ánimo caracterizados por la hipersensibilidad al enfado.

Por otro lado, en muchas ocasiones cuando vemos a alguien triste intentamos que no lo esté, hacemos esfuerzos para divertirle, para distraerle, le regañamos diciéndole que se tiene que alegrar… El ver triste a alguien con el que tienes un vínculo hace que nosotros lo pasemos mal, le queremos y no queremos verle así.  Pero de este modo no le ayudamos en las primeras etapas, todas las personas necesitan un “tiempo para vivir su tristeza” y hemos de respetarlo, el intentar cambiar su emoción transmite una falta de comprensión y de acogimiento.

 Nos han enseñado a que emociones como la tristeza no son buenas, que la debemos evitar, incluso llegando a  recetar antidepresivos para evitarla. Sin ir más lejos el otro día al dar un alta a un paciente en la consulta, la pena nos invadió a ambos, del cariño, de saber que hemos pasado muchas emociones juntos, de haber llorado casi juntos, de haber reído tanto y de haber compartido un trozo de vida juntos. Pero él se controló, dijo voy a ser valiente, no voy a llorar, pero paró, y se acordó de mis palabras y lloramos, lloramos juntos como despedida y así de este modo la pena nos ayudó a pasar página.

 Entonces…

 ¿Cuándo debemos actuar? ¿Cuándo tengo que pedir ayuda?

Como se ha explicado en los apartados anteriores, la tristeza es un sentimiento como cualquier otro. Desde la práctica recomendamos el acudir a un psicólogo a solicitar ayuda cuando esta tristeza altere nuestra vida diaria, cuando tengamos problemas de sueño, dolores musculares, pérdida o aumento de apetito, sentimientos de desgana o abandono de actividades que antes se realizaran. Si estos síntomas van en aumento y no desaparecen es recomendable acudir a un psicólogo.

 ¿Qué se debe hacer?

Muchos estudios recomiendan la psicoterapia, y hay investigaciones que dicen que es tan efectiva como el tratamiento farmacológico.

Nuestra experiencia nos dice que en un mes se empiezan a ver resultados y en cuatro meses, acudiendo un día por semana, se suele dar el alta.

Pensamos que la medicación ha de ser el último recurso y no la primera opción, ya que el psicofármaco controla el síntoma, pero el motivo de la tristeza y la manera de afrontarla persisten.

A través de la psicoterapia se pueden aprender estrategias que te ayuden a afrontar otras situaciones, a saber sentir la tristeza y aprender de ella,  o mejorar la autoestima; todo lo cual hace que seamos más fuertes y estables a nivel emocional y en otras ocasiones, nos recuperemos antes o que la inestabilidad emocional no sea tan grande.

 Si ahora ves el mundo con unas gafas oscuras, está en tu mano el cambiar de cristales.

 

 

 

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