Desconectar en vacaciones. Aida Mañero Ocarranza

¡Llegan las tan deseadas vacaciones!

 Después de todo el año de trabajo, de estrés y preocupaciones, tienen lugar esos días y momentos en los que nos permitimos disfrutar, pasar tiempo de ocio, quedar más con amigos, disfrutar más de la pareja… en definitiva, desconectar.

 Sin embargo, esto que en primera instancia es tan deseado y apetecible, a menudo no es tarea fácil y cuesta un tremendo esfuerzo poder conseguirlo por estar inmersos en la vorágine del día a día donde frecuentemente es complicado parar.

 A continuación se ofrecen algunos consejos que pueden contribuir a que se disfrute de estos días, sin perder el tiempo en elucubraciones y rumiaciones que impidan aprovechar aquello que se lleva todo el año esperando con tanto deseo:

 –        Aprender a relajarse mediante la propia respiración: Mediante la propia respiración es posible estar más tranquilo, así pues en función de cómo respiremos nos encontraremos de una forma u otra.

Si centramos la atención en la propia respiración, llevando el aire hasta el vientre al inspirar, incluso tratando de imaginar cómo entra y sale el aire, logrando respiraciones más lentas, se logrará un nivel más bajo de activación lo cual permitirá a su vez la relajación.

Además de relajarse, centrando como se indica la atención en las propias inspiraciones y espiraciones se conseguirá desviar el foco atencional hacia otro tema diferente al que produce preocupación.

 –        Tratar de centrarse en el mismo momento en los detalles de esas situaciones que hacen que uno mismo se encuentre bien, tratando de conectar con el entorno, con los sonidos, los colores… y del mismo modo con las propias sensaciones experimentadas.

 –        Aprender a vivir el presente, lo cual permitirá conectar mejor con uno mismo y estar así únicamente pendiente de aquello que pasa en el momento presente de la propia vida.

 –        En el caso que sea inevitable tomar una decisión que en ese momento genera preocupaciones o malestar, tratar de llevarla a cabo lo antes posible y no demorarla, es decir, establecer márgenes cortos de tiempo para decidir, realistas y ajustados, lo cual evitará la rumiación que conlleva la postergación.

 –        Decir “basta” en situaciones dónde no se pueda pensar con claridad. Existe una técnica denominada parada del pensamiento que facilita el reducir la rumiación consistente en esto, es decir, introducir alguna palabra para parar y a continuación meter una distracción.

 –        Aprender a ser asertivo para decir “ahora no, estoy en mis vacaciones” y cuidarse a uno mismo.

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