Pérdidas de memoria y estrés. Aida Mañero Ocarranza

 Si se echa la vista atrás todo sujeto podrá recordar algún momento concreto de su vida en el que, como se dice coloquialmente, éste “se haya quedado en blanco”. Tal hecho no es extraño ni paradójico que justamente ocurra cuando más se necesita esa información a la que en tal instante es imposible acceder. Se vienen así a la cabeza situaciones como por ejemplo un examen o cuando se ha de hablar en público, entre otras.

 Pero, ¿por qué ocurre esto si seguramente ese examen o esa charla o ponencia esté sumamente preparada, repasada y haya sido ensayada en numerosas ocasiones?

 La respuesta a esta pregunta es posible encontrarla en la aparición del glucocorticoide denominado corticosterona”, hormona segregada por la zona de la corteza suprarrenal.

 La corticosterona es segregada en aquellos momentos de estrés que el individuo experimenta, la cual es la responsable de las pérdidas repentinas de memoria debido a que en situaciones ansiógenas dicha hormona bloquea la información existente y almacenada hasta una hora después de desaparecer tales situaciones aproximadamente; transcurrido dicho periodo de tiempo y, cuando el sujeto se relaja, es posible que éste recupere la información.

 De este modo, en situaciones de estrés el organismo genera respuestas neuroquímicas que reducen la capacidad de aprendizaje y, por tanto, si se está muy estresado y consecuentemente con muchos glucocorticoides en sangre, o por el contrario poco, y con niveles muy bajos de estas hormonas, se aprenderá peor que con un nivel medio de estrés. Así pues, como en otras muchas cuestiones, en lo intermedio está la virtud y por esto es necesario disponer de niveles medios de glucocorticoides para un aprendizaje adecuado.

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