¿PUEDE LLEGAR A CONVERTIRSE EL PERFECCIONISMO EN ALGO NEGATIVO? Aida Mañero Ocarranza

A menudo el perfeccionismo es considerado como una virtud, una capacidad la cual permite a las personas dirigirse hacia el éxito, manteniendo la motivación y la persistencia, atendiendo meticulosamente a los detalles. Así pues, el perfeccionismo parece como el motor que impulsa a las personas con este rasgo, la energía que les dirige hacia la consecución de sus logros.

Puesto que el perfeccionismo se considera como algo positivo, una ventaja, los sujetos perfeccionistas están bien valorados en nuestra sociedad la cual los considera personas trabajadoras, persistentes y orientadas al éxito. Así, se observa que el perfeccionismo aparece ligado a lo positivo, a lo deseable, pero no obstante este rasgo de personalidad puede llegar a convertirse en algo negativo, capaz de producir estrés o frustración, entre otras cosas.

Con esto, se evidencia que perfeccionismo es posible que se convierta en algo que genera malestar en los individuos y, en este sentido, es frecuente encontrar en la práctica profesional diaria sujetos a los que ese perfeccionismo patológico que portan, les juega malas pasadas en numerosas ocasiones, y es que el precio que hay que pagar por “tener” que ser perfeccionista a menudo es demasiado alto. Por tanto, este rasgo de personalidad parece funcionar como un arma de doble filo, una moneda con una cara positiva y otra negativa.

Se habla de perfeccionismo patológico cuando la perfección se convierte en una necesidad más que en una posibilidad, cuando se habla de “tener” que hacer las cosas de forma excelente, más que de “querer” hacerlas lo mejor posible, y cuando todo esto produce un grado significativo de malestar y sufrimiento en la propia persona, la cual a su vez no concibe otro modo de hacer las cosas o cuanto menos le es muy complicado.

Esta necesidad de lograr la perfección y rozar la excelencia, es decir, el perfeccionismo patológico, conlleva a su vez una serie de consecuencias que igualmente desembocan en malestar. Entre otras consecuencias es posible encontrar:

–        Temor al fracaso, el cual es visto como algo terrible e insoportable, probablemente  por las escasas experiencias en este sentido, todo lo cual incrementa una visión alejada de la realidad en lo relativo a la equivocación.

–        Frustración, la cual se experimenta debido a la imposibilidad de conseguir las expectativas fijadas, inmensamente altas y frecuentemente poco realistas.

–        Sentimientos de angustia o incapacidad derivados de esa frustración. También es posible que aparezcan pensamientos y sentimientos de auto-desprecio e inutilidad por la no consecución de las metas establecidas.

–        Postergación de actividades o situaciones ante las que es posible cometer un error.

–        Incapacidad para disfrutar de los logros obtenidos puesto que siempre podrían ser mejorables.

 Así pues, los individuos que necesitan siempre ser los mejores, que sienten que siempre deben mejorar aquello que han hecho o que se sienten abrumados ante la posibilidad de cometer un error, es probable que manifiesten un perfeccionismo patológico el cual es necesario que sea abordado y tratado con la ayuda de profesionales para que, de este modo, sean capaces disfrutar de una vida exitosa pero a la vez satisfactoria, sin caer en extremismos de todo o nada, bien o mal, perfecto o fracasado.

 

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