LA DIFICULTAD PARA TOMAR DECISIONES Y SOLUCIONAR CONFLICTOS. Aida Mañero Ocarranza

Decidir significa elegir entre varias alternativas posibles, este proceso es llevado a cabo cuando la persona entre varias opciones toma la que considere más conveniente en función del objetivo que desea conseguir y de las consecuencias. Este mismo procedimiento de toma de decisiones, se realiza al solucionar un posible problema, después de pensar y sopesar entre  varias soluciones posibles.

Este hecho, que se plantea como algo aparentemente fácil, y bien conocido por la gran mayoría de los sujetos, en ocasiones se torna complicado ya que el entorno y el propio contexto obliga a que esa decisión o resolución del conflicto se lleve a cabo de forma apresurada, sin toda la información necesaria y sin la oportunidad de consultar a las personas indicadas.

Por todo esto, en situaciones de estrés, es decir aquellas situaciones en las que las demandas provinientes del entorno superan a los recursos de los que el individuo dispone, una persona tiene problemas y dudas en el momento de decidir, lo que desemboca en ocasiones en sentimientos de  frustración, ansiedad y posiblemente un bajo concepto de uno mismo, lo cual refuerza la dificultad para ser resolutivo y decidido, produciéndose así una espiral que parece no tener fin.

Sin embargo pueden seguirse una de pasos que facilitaran este proceso:

–        Adoptar una postura positiva ante el conflicto. Afrontar los posibles problemas como un reto y una oportunidad de aprender más que como un obstáculo o impedimento para continuar el camino.

–        Tener en cuenta la propia experiencia previa, situaciones anteriores parecidas, pensar cómo se actuó en ellas y si se consiguió el objetivo.

–        Recoger toda la información que se considere importante sobre el problema. Es importante que esta información sea objetiva y real, no basada en las propias interpretaciones ya que en ese caso puede dar lugar a una elección posterior errónea.

–        Plantear varias alternativas posibles. Cuantas más alternativas se generen más probabilidad hay de que entre ellas esté la solución acertada.

–        Valorar todas las alternativas. Enumerando los pros y contras de cada una de ellas.

–        Descartar aquellas alternativas que no se ajusten al objetivo y elegir aquella que sí lo haga, tomando como criterio de elección las ventajas e inconvenientes antes enumeradas.

–        Puesta en práctica de la opción escogida y evaluación para comprobar si se ha conseguido el objetivo. En el caso de que no se haya conseguido, sería necesario repasar cada uno de los pasos y hacer los cambios necesarios hasta llegar a la solución deseada.

Siguiendo estos pasos y consejos existe una mayor posibilidad de que la toma de decisiones y la solución a los conflictos resulte más fácil y llevadera.

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